Necesidad de control del permiso de conducir de los mayores

Según el último censo de conductores publicado por la DGT correspondiente al año 2016, en España hay 2.879.000 conductores de más de 65 años, de los cuales 1.091.311 tienen más de 74 años, lo que representa el 7% del total de los conductores españoles.

Pese a ser un grupo tan poco representativo, en el año 2015  casi el 10 % de los conductores implicados en accidentes de circulación con víctimas eran mayores de 65 años, lo que hace replantear de nuevo la necesidad de limitar hasta una determinada edad el permiso de conducir, o modificar la legislación vigente exigiendo mayor rigor y control en las pruebas de reconocimiento para la expedición del permiso de conducir.

Otro dato a tener en cuenta, es el envejecimiento de la población española, que en quince años los mayores de 65 años representarán el 30% de la población, lo que afectará de forma ineludible a la seguridad vial en todos los aspectos, desde el cambio del factor riesgo hasta la necesidad de adaptar a las limitaciones físicas de los mayores las señales de tráfico, por ejemplo haciéndolas más grandes, visibles y luminosas.

En el estudio publicado por la Fundación Línea Directa Aseguradora el 26 de septiembre de 2016, cabe destacar que el 29,5% de los conductores perciben a los mayores de 65 años como “peligrosos”, el 17% retiraría el carné a sus familiares mayores de 65 años.

Es significativo que la práctica totalidad de los conductores mayores de 65 años son considerados aptos o aptos con restricción para la conducción. La restricción más frecuente que se les impone es la obligatoriedad de usar gafas, el resto de las restricciones relacionadas con la conducción, como los límites de velocidad autorizados, limitación de desplazamientos a una determinada distancia de su domicilio, limitación a  conducción diurna, etc, sólo suponen un 20% de las restricciones impuestas. El hecho de que la restricción más empleada sea la relativa a la visión no se corresponden en absoluto con los deterioros psico-físicos que sufren los mayores (enfermedades cardiovasculares, problemas de tensión, diabetes, artritis, neurodegenerativas,  etc), que les obliga a medicarse todos los días incrementando los efectos secundarios de los fármacos las carencias que ya sufren propias de su edad en su capacidad cognitiva, neuromuscular, motora, y neurológica.

En los ancianos se produce un enlentecimiento del ritmo, se ralentiza el procesamiento de la información incrementando el tiempo de reacción, todo ello implica dificultades en la conducción si el anciano tiene que moverse en una situación de circulación compleja, en la cual, la capacidad de responder rápida y adecuada a las situaciones de tráfico disminuye bastante. De hecho, según las estadísticas de la DGT la infracción más frecuente de los conductores mayores es la conducción distraída.

En el Anexo IV del Reglamento General de Conductores (R.D. 818/2009 de 8 de mayo) se describen de forma pormenorizada las “enfermedades y deficiencias que serán causa de denegación o de adaptaciones, restricciones de circulación y otras limitaciones en la obtención o prórroga del permiso o la licencia de conducción”. Si se leen con detenimiento resulta que los conductores mayores de 65 años pueden sufrir varias dolencias incapacitantes de forma simultánea, y sin embargo el 90% supera sin dificultad los reconocimientos pisco-técnicos, no es de extrañar que la mayoría de los conductores considere muy poco rigurosos los citados reconocimiento, percibiéndolos como “un coladero”.

No se trata de impedir  a todos  los mayores de 65 años que conduzcan, ya que, la mayoría de ellos precisan el vehículo para sus desplazamientos cotidianos, y más en las zonas rurales donde no hay transporte público. Las soluciones que se deben barajar tienen que ir dirigidas a que conduzcan con seguridad, y evitar que sean un peligro para sí mismos y para los demás usuarios de las vías, ya sean conductores, peatones,  ciclistas, etc.

A la vista de lo expuesto los conductores mayores de 65 años que quieran renovar el permiso de conducir deberían acompañar obligatoriamente un Certificado de su Médico de Familia, en el que se haga constar, enfermedades y dolencias que padece, así como la medicación que tiene prescrita, para que en el reconocimiento psico-técnico se pueda valorar con exactitud, si es apto o no para la conducción, y si exige limitaciones adecuar las restricciones a su estado vital.

Esta solución ha sido acogida por diferentes países de nuestro entorno, en Inglaterra a partir de los 70 años, los conductores deben aportar un certificado médico privado, y en Suecia Interviene el Centro de Atención General de Salud que informa a Tráfico sobre el estado de los pacientes y de los que consideran incapaces para conducir.

La alternativa de limitar la edad de conducir, hasta ahora no ha tenido una buena acogida ni en España ni en la mayoría de los países occidentales,  sin embargo en algunos países europeos ya se están planteando la necesidad de  limitar la edad, como en Italia que quieren prohibir conducir a los mayores de 80 años.

En nuestra legislación no se establece un límite legal de edad para la conducción, los límites vienen establecidos por los reconocimientos psicofísicos que se realizan con ocasión de la renovación del permiso de conducir, en este sentido es importante destacar que por adaptación a la normativa europea, España pasó de tener una vigencia del permiso de conducir de dos años para los mayores de 70 años, a fijar la vigencia en cinco años. No obstante, la Directiva 2006/126/CE de 20 de diciembre permite a los Estados miembros limitar el periodo de validez para los permisos de conducción a fin de aumentar la frecuencia de las revisiones médicas u otras medidas específicas tales como los cursos de reciclaje.

En conclusión, no debe adoptarse una solución con exclusión de las demás, sino todas,  para garantizar una mayor seguridad en la conducción de los mayores: se hace estrictamente necesario que los médicos de familia, realicen un Informe sobre el estado del paciente, enfermedades, dolencias y medicación prescrita, a fin de que los CRC puedan establecer con absoluta certeza si el conductor es o no apto, y adaptar las restricciones a su estado de salud; los  Centros Médicos,  Hospitalarios y los Juzgados deberían informar de forma inmediata a la DGT sobre los  pacientes con enfermedades físicas y/o mentales que  les incapaciten para conducir; establecer  periodos más cortos de renovación del carnet de conducir a partir de los 75 años, a fin de que puedan aportar informes médicos con mayor frecuencia,  y prohibir conducir a partir de los 80 años.

 Estas medidas son en beneficio y seguridad de todos.

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