Los fraudes al seguro de automóvil

Recientemente saltaba a los medios la noticia del intento de fraude perpetrado por cuatro jóvenes de Cartagena, que simularon un accidente de automóvil para defraudar a su compañía de seguros. Esta noticia coincide con la publicación del IV Barómetro del Fraude elaborado por la compañía Línea Directa Aseguradora, el cual arroja unas cifras cuando menos preocupantes.

Según el citado estudio, los fraudes al seguro de automóvil (el 90% de los fraudes a las aseguradoras se produce en este ramo) suponen a las compañías unas pérdidas de 833 millones de euros anuales, lo cual se ve reflejado en el precio de las primas. Las compañías de seguros tienen en cuenta muchas variables para determinar el precio de la póliza, empezando por la siniestralidad. Un aumento general de la siniestralidad en una determinada zona puede traducirse en un incremento del precio del seguro y lo mismo puede ocurrir con los intentos de estafa, haciendo que paguen justos por pecadores. Según Francisco Valencia, director de Gobierno Corporativo de Línea Directa, cerca de 30 euros de la prima del seguro se deben a este motivo.

Cabría pensar que la crisis económica es un factor influyente a la hora de intentar estafar a las compañías de seguros pero, según el informe de Línea Directa, desde la salida de la crisis, la proporción de siniestros falsos no ha variado: 6 de cada 100 siniestros declarados, son falsos.

Otro dato preocupante que arroja el estudio, es la proliferación de las mafias. Se calcula que en España operan unas 400 bandas vinculadas con otros delitos graves (un 152% más que en 2013), con una estructura muy jerarquizada y centradas en obtener indemnizaciones por daños corporales en el denominado fraude carrusel, en el que se trata de engañar a varias compañías de seguros de forma continuada. Los importes medios de sus estafas multiplican por 10 a los fraudes realizados de forma individual, superando, de media, los 12.000 euros de coste.

Los estafadores más habituales entre estas mafias, son los “rotonderos”, cuyo modus operandi consiste en circular por el carril exterior de una rotonda forzando la colisión con los coches que respetan el ceda al paso. Posteriormente les reclaman los daños, incluyendo los corporales.

En cuanto a la tipología del fraude, el 80% son fraudes ocasionales. Consisten en aprovechar un siniestro para incluir en el parte daños preexistentes. Por ejemplo, si has sufrido un golpe e incluyes en el parte un arañazo producido con anterioridad.

Muy por detrás de este tipo de fraudes, se sitúan los montajes, con un 12% y, detrás de éstos, los falsos hurtos (2,2%) o los presupuestos inflados (1,9%)

Las consecuencias que puede acarrear intentar estafar al seguro van más allá del incremento en el precio de las pólizas. Si se comete fraude, lo primero que puede pasar es lo siguiente:

  • La rescisión de la póliza.
  • Imposibilidad de volver a contratar un seguro.Las compañías de seguros pueden cruzar datos de siniestralidad y también de las personas que han incurrido en fraude.
  • Pérdida del derecho a la indemnización. En caso de que el fraude haya consistido en agravar los daños reales de un siniestro, éstos tampoco serían objeto de indemnización.

Pero más allá de las consecuencias respecto al seguro, pueden existir consecuencias penales. Hay determinados fraudes que pueden ser considerados delitos de estafa y que conllevan el pago de una multa e incluso pena de cárcel dependiendo del tipo de estafa y su gravedad.