Error médico: Prevalece el dictamen del perito especializado en la materia

La Sección 11ª de la Audiencia Provincial de Madrid confirma en apelación (Sentencia número 503/2016 de 5 diciembre)  la absolución a un urólogo de la demanda que le fue interpuesta por supuesta mala praxis.

En esencia, se reprochaba que en tratamiento del carcinoma de vejiga padecido por el paciente se había obviado y no seguido el protocolo medico consistente en “la guía para el tratamiento del cáncer de vejiga T a T1 (sin invasión muscular) aprobada por la Asociación Europea de Urología”.

El tribunal afirma que conforme al artículo 4.7.b de la  Ley 44/2003, de 21 de noviembre, los protocolos médicos son de recomendable seguimiento, pero no de riguroso cumplimiento, y el hecho de que el facultativo se aparte de un estándar aprobado no conlleva por sí mismo responsabilidad, así como tampoco su taxativo cumplimiento la descarta.

En definitiva, la valoración de la praxis médica requiere examen pericial en el curso del proceso para descubrir si existió infracción del deber objetivo de cuidado, siendo sólo un indicativo la posible desatención que se haga de los protocolos médicos.

En el presente caso, la guía para el tratamiento del cáncer de vejiga T a T1  aprobada por la Asociación Europea de Urología, fue anexada  a la demanda por la perito de los recurrentes, la cual era especialista en Medicina del Trabajo, Psiquiatría Legal y Forense y Valoración del Daño Corporal.

La Juzgadora de instancia otorgó mayor credibilidad al informe pericial emitido por especialista en urología (del demandado) frente al aportado por la perito especialista en Medicina del Trabajo, Psiquiatría Legal y Forense y Valoración del Daño Corporal.

Razona y concluye el tribunal de apelación respecto a la preferencia por la Juzgadora del especialista en urología frente al que no lo es, que, “desde luego la preferencia respecto al dictamen de un especialista sobre el del profesional que no lo es no puede tildarse de peregrina ni ajena a las reglas de la lógica, esto sin perjuicio de que sea oportuno completar ese criterio con otros -p.e grado de experiencia práctica, control de objetividad, racionalidad de las explicaciones, intensidad del análisis, etc-, y en esa indagación no podemos pasar por alto la mayor claridad expositiva del informe del especialista, sus precisas explicaciones sobre el empleo de siglas y su significado para graduar la naturaleza del tumor, distinguiendo conceptos -agresividad y estadio tumoral- las inexactitudes que achaca a la perito de la actora en algunas nociones, y, en definitiva, la mayor credibilidad que nos merece, todo ello sin menoscabo de la valía profesional de ésta”.

Parece obvio que para acreditar un error médico por mala praxis a través de un informe pericial, prevalezca el de un perito especializado en la materia, toda vez que conoce el campo del que se discute con mayor profundidad, y será capaz de realizar un análisis crítico de la actuación diligente o no del facultativo cuya actuación se debe valorar.

Una vez que la Jurisprudencia establece que una mala praxis no se produce exclusivamente por no seguir un protocolo de actuación, sino por la falta de diligencia exigible a un profesional de la medicina, para acreditar dicha situación parece más acertado acudir a un perito especializado en la materia capaz de señalar en que actuación u omisión, se ha producido la negligencia que ha causado el daño, es decir un profesional que con su valoración científica identifique el nexo causal entre la negligencia y el daño.

Efectivamente debemos separar los daños efectivamente producidos, que pueden ser valorados por un  Médico Forense especialista en Valoración del Daño Corporal, de la causa. Por decirlo de una manera más simple, el hecho de que se produzcan daños no significa imperativamente que se haya producido un error médico por mala praxis.

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